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SOBRE EL SENTIDO COMUN EN LA FILOSOFIA DE HANNAH ARENDT

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SOBRE EL SENTIDO COMUN EN LA FILOSOFIA DE HANNAH ARENDT

Posted by admin | Posted in El valor epistémico del "sentido comùn" | Posted on 09-01-2010

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 Sentido común y verdad

en el pensamiento de Hannah Arendt

por Gerardo Galetto

(Editorial Biblos, Buenos Aires  2008)

 

PROLOGO

por Antonio Livi

 

Las relaciones culturales entre Italia y América Latina – tanto por medio de España y Portugal come directamente – se han ido desarrolando con siempre mayor fuerza y eficacia sobre todo en campo de la filosofia. Y un papel muy importante lo juegan los estudios de ética social y politica en perspectiva epistemológica, que es la perspectiva típicamente moderna de enfrentarse con las teorias sociales y politicas y juzgar de su validez. Sé de muchas obras de este género escritas por pensadores italianos y que han sido conocido también en América Latina porque las mejores editoriales españolas y latinoamericanas (México, Argentina) la han traducidas muy pronto al castellano[1]. Y sé también que valiosos pensadores latinoamericanos, sobre todo argentinos, han tabajado y trabajan en Argentina y también en la misma Italia para hacer conocer mejor la filosofía de importantes autores italianos[2]. Ahora es justo y oportuno dar testimonio público, desde Italia, de la gran valía e importancia de trabajos de investigación filosófica come el de Gerado Galetto sobre el concepto de “sentido común” en Hannah Arendt, que tengo el gusto de presentar aquí. El mundo filosófico de habla española no es extraño para mí, ya que escribí en castellano una de mis primeras obras de investigación[3]; por otra parte, tampoco son extraños para mí el tema específico de esta obra y su autor. A Gerado Galetto le conozco personalmente muy bien, ya que con él tuve la dicha de poder trabajar por algunos años en Roma en trabajos de investigación dedicados justamente a cotejar la noción filosófica de  “sentido común”, que yo mismo he elaborado y expusto científicamente[4], con las nociones semejantes o parecidas que se pueden encontrar en las obras de algunos filósofos contemporáneos, entre ellos la alemana Hannah Arendt. Este tema ya lo había yo tratado orientando la investigación de otro joven estudioso, el italiano Paolo Terenzi, que también llegó a publicar los resultados de sus análisis en un valioso ensayo. Pero el trabajo de Gerado Galetto es, a mi juicio, más acertado y profundo, porque no se ciñe a consideraciones meramente sociológicas sino que examina los aspectos propiamente filosóficos de las obras de Arendt. El profesor Galetto ha sido capaz, sobre todo, de poner eficazmente en evidencia cómo la noción epistémica (no meramente sociológica) de  “sentido común”  es la clave para entender el pensamiento de la filósofa hebrea, ya que la justa valorización del sentido común es importante para la fundación lógica de la teoría política, más aún, es propriamente la única forma posible de auténtica fundacion racional de cualquier opción ética, y por tanto también política.

SOBRRE EL ESTATUTO EPISTEMOLOGICO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Posted by admin | Posted in Senza categoria | Posted on 01-01-2010

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DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Y EPISTEMOLOGÍA

Antonio Livi

La DSI, examinada desde el punto de vista epistemológico, requiere una clarificación del sentido que pueden tener sus enunciados en las dos dimensiones de la semántica: 1) la dimensión objetiva, y 2) la dimensión subjetiva.

Aclaramos inmediatamente que por “dimensión objetiva” se entiende el sentido que pueden tener los enunciados en relación a su contenido (objeto del discurso), mientras que por “dimensión subjetiva” se entiende el sentido que estos enunciados  pueden tener en relación a quien los propone (sujeto del discurso); esta segunda dimensión, frecuentemente olvidada en las discusiones epistemológicas antecedentes al “viraje lingüístico”, es, por el contrario, indispensable para una comprensión holística del discurso, comprendida el componente pragmático (la intención del que habla y la fuerza formativa del discurso).

No nos detendremos en la dimensión objetiva de los enunciados de la DSI, porque los consideramos suficientemente profundizados por los recientes documentos del Magisterio y por la doctrina teológica repectiva. Bastará recordar que objeto propio de la DSI es la problemática teológico-moral respecto a las dinámica de las estructuras socio–económicas: la DSI no es otra cosa que un capítulo de la teología moral que responde al plan divino de la Creación y de la recapitulación en Cristo, Redentor del hombre [1].

Examinaremos mejor de manera más profunda el argumento relativo a la dimensión subjetiva. ¿Quién es el que habla cuando se trata de enunciados que se califican como DSI? ¿ Qué sujeto tiene las credenciales para calificar su discurso sobre la sociedad como DSI?

PROBLEMAS DE LA FE CRISTIANA ANTE LA CULTURA ACTUAL

Posted by admin | Posted in Filosofia y fe cristiana | Posted on 03-11-2009

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LA INCULTURACION DE LA FE Y EL PRAGMATISMO CONTEMPORANEO

 

por Antonio Livi

 

Los que se dedican por vocación cristiana – simples seglares o ministros sagrados -  a la obra necesarísima de la evangelización (no hay obra más necesaria para los que creen en Jesucristo) tienen que conocer lo mejor posible las condiciones reales de las personas a las que se dirigen. Toda evangelización se dirige, en efecto, tanto a los que son ya cristianos como a los que todavía no lo son; en el primer caso se habla de “catequesis”, y en el segundo caso de “diálogo con los no creyentes,” pero siempre se trata de hablar a todos del Evangelio, o sea de la Revelación de Jesucristo, que perfecciona en modo definitivo y para siempre la revelación inicial de los Profetas de Israel. La respuesta de cada alma a la Revelación de Jesucristo se llama “fe”, y es la fe lo que nos obtiene la salvación y nos hace pertenecer a la Iglesia, en donde se encuentran el perdón de los pecados y los medios para llegar a la santidad.

 

UN FILOSOFO INGLES COMENTA LA FILOSOFIA DEL SENTIDO COMUN

Posted by admin | Posted in El valor epistémico del "sentido comùn" | Posted on 23-07-2009

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Comentario publicado en una revista española a la edición francesa del ensayo de Antonio Livi, Filosofia del senso comune. Logica della scienza e della fede (primera edición italiana: Edizioni Ares, Milano 1990; edición española: Critica del sentido común, Rialp, Madrid 1997):

Philosophie du sens commun. Logique aléthique de la science et de la foi, Lausanne-Paris (Ed. L’Age d’Homme) 2004, 234 pp.

 por John J. Oldfiel

publicada en la revista Augustinus, 91 (2005), pp. 242-243.

 

 

 El sentido común se define en el Diccionario de uso del español (Maria Moliner, 1967) como «capacidad de juzgar y obrar acertadamente» (p. 1138). Esta definición no està lejos de unas palabras que, unidas por la larga tradición grecolatina, siguen teniendo cabida en el lenguaje ordinario de los pueblos europeos. Devolver este concepto a su lugar debido en la filosofia contemporánea, después de un largo recorrido por los caminos de la historia de la filosofia, es un enorme y muy apreciado logro del espíritu filosófico. Regresar a las fuentes lejanas de ese concepto y acercarlas a los pensares contemporáneos es redescubrir lo que fundamenta la vocación de la verdadera filosofia, es decir, la búsqueda de la sabiduría que responde a los más profundos anhelos de espíritu humano.

Tarea gigantesca la asumida por el autor de este libro, ahora traducido del italiano al francés, el profesor Antonio Livi, decano de la facultad de Filosofia de la Universidad de Letrán (Roma). Livi ha dedicado muchos estudios a la investigación del sentido común, elaborando el argumento que trae a esta presentación maestra. Su bibliografia proporciona datos sobre su empeño filosófico, dirigido a la restauración de la «razón natural» que subyace en la posibilidad de un pensamiento filosófico «fuerte», frente al pensamiento «débil», tan de moda en el ambiente de escepticismo y relativismo de hoy.

            Fiel a la claridad de conceptos y palabras exigida por el diálogo filosófico, Livi dedica la primera parte de su obra, en dos capítulos, a buscar una definición rigurosa del tan usado sintagma, abarcando en su pesquisa una definición formal (cap. I) y otra material (cap. II). Muy importante en el caso del sentido común, expresión de uso milenario, es reducir o reconducir el mismo a su significado más cristalino, más proximo al uso aristotélico. Se trata de aclarar tanto lo que en este contexto representa el nombre “sentido”, como lo que le añade el adjetivo “común”. Purificada la terminología de las capas sedimentadas con tan largo uso, la noción de “sentido común” indica, según el autor, la percepción de algo real o, en palabras suyas: de «lo que todos saben y piensan espontáneamente, por relación a lo que todos tienen en común» (p. 29). Ahora bien, tal percepción universal y evidente por sí misma revela la presencia de contenidos de irrefutable certeza, que el autor identifica en diez tesis como principios gnoseológicos, pertenecientes, por razón de la experiencia originaria del ser innegable, al sentido común. Son los juicios necesarios a todo juicio, que tienen su incontestable origen en el primordial reconocimiento de que «las cosas son», y de que, por tanto, proporcionan las condiciones que posibilitan la demostración de las verdades siempre presupuestas en la tarea fdosófica. Livi reconoce con acierto que se enfrenta a las objeciones del racionalismo positivista y del fideísmo teológico; consiguientemente, frente a estas corrientes de pensamiento propone restaurar la filosofia perenne que esté en la base de la experiencia misma del ser y del Ser de los seres. Su apreciación de este universal sentido común demuestra que es posible hablar del yo, del mundo, de la libertad y de Dios.

La parte segunda quiere mostrar la existencia del sentido común. Lo hace demostrando el imprescindible papel de la lógica derivada de las verdades evidentes para la «razón natural», la cual posibilita no sólo la comunicación entre los seres humanos, aun a través de diferencias lingüísticas, sino también la formación de los «consensos» de la vida intelectual. (cap. III). También la organización y práctica de las ciencias encuentran su ori­gen en estas verdades, a las que igualmente se debe la posibilidad de analizar los seres de un mundo que, desde el principio, se percibe como totalidad, y que responde a la lógica propia de los medios empíricos (cap. IV). Asimismo rechaza el autor la posibilidad de la duda universal y apunta las contradicciones implícitas en el pensamiento de quienes nie­gan lo que se hace evidente en el mismo acto por el que, en la percepción antecedente a los raciocinios de una segunda refiexión, se entrega a sí mismo el ser (cap. V).

Lo demostrado acerca del sentido común sirve en la parte tercera para justificarla, –  posibilidad de la metafisica en cuanto ciencia filosófica. Es una llamada al reconocimien­to del hecho de que el conocimiento humano procede siempre de estas certezas implicita­mente presentes en la relación epistemológica entre el conocedor y lo conocido. No hay forma alguna de tabula rasa, y reducir la metafisica a la matemática tiene como resultado el empobrecimiento de los horizontes de la verdad abiertos al hombre (cap. VI). Después, con pasos seguros entra en el tema de los præambula fedei, definiendo la posibilidad de una religión natural derivada de la experiencia del sentido común. El hombre es radicalmente capax Dei, según ha mantenido siempre la tradición filosófica cristiana (cap. VII). A estos capítulos muy bien pensados y estructurados, añade Livi una síntesis de sus argumentos.

El autor muestra una envidiable formación filosófica. Tiene lazos conceptuales con Étienne Gilson, quien en el siglo pasado dio los primeros pasos intelectuales hacia una restauración del sentido común. Ahora bien, nuestro autor no está ligado a ningún pensador en parti­cular sino que, corno es evidente en el libro y en el muy amplio aparato crítico, dialoga den­tro de la tradición filosófica con los grandes pensadores de todos los tiempos. El argumento y el modo de llevarlo acabo es directo, inteligible y, en cuanto a este lector, refrescante, extrano a los discursos nihilistas de tantos pensadores contemporáneos. Este libro vale. Por eso, es obligado felicitar tanto al autor como a la editorial por habernos regalado tan esti­mulante aventura filosófica.

 

John J. OLDFIELD

LA ENCICLICA DE BENEDICTO XVI, “VERITAS IN CARITATE”

Posted by admin | Posted in Teologia de la fe | Posted on 07-07-2009

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Desde Buenos Aires, Argentina, el Profesor Thomas Rego escribe al Profesro Livi, con fecha 7 de julio de 2009:

Estoy leyendo el texto de Caritas in veritate y al comenzar ya me encuentro con esto:

 
   “La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y comunión. Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo [...]” (Caritas in veritate, 3.)
 
  Esta verdad es fundacional de la caridad. ¡Nuestro Papa sigue la batalla contra el relativismo y el fideísmo!
 
  Le hago una pregunta: si en un sentido místico esta verdad puede ser Cristo, en otro sentido gnoseológico son nuestros actos de conocimiento, comenzando por el senso comune, ¿no es cierto?
 
 Y la nota 88 del punto 34 es importantísima para el 5to principio del senso comune!
 
 Cordialmente,
 Thomas Rego

thomas.rego@gmail.com

      

 El Profesor Livi contesta el mismo dia:

Querido Thomas:
 
Por supuesto que nosotros, los filósofos cristianos,  encontramos en el magisterio del Santo Padre la màs valiosa confirmación de nuestro compromiso por defender la santa fe católica en contra de las insidias, tanto del relativismo como del fideismo.
La verdad de la que el Papa habla es nuestro conocimiento recto, el conocimiento acabado, fiel a la realidad humana y sobrenatural que nos interesa para el destino eterno; es, en una palabra, la sabiduria filosófica (que inicia con el reconocimiento de las verdades primeras  o sea el sentido común) y la sabiduria teològica (que inicia con el reconocimiento de lo que la Iglesia propone come revelaciòn de Dios en Jesucristo). Mejor hablar con los términos precisos que te he dicho, y no utilizar fòrmulas ambiguas como “la verdad es Cristo”, porque se pierde la necesaria distinciòn entre sujeto (nosotros los creyentes) y objeto (Cristo), y entre coocimiento por experiencia y razonamiento (la filosofia), y conocimiento por testimonio (la santa fe).
 


 
 

LA FILOSOFIA DEL SENTIDO COMUN

Posted by admin | Posted in El valor epistémico del "sentido comùn" | Posted on 07-07-2009

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LA EDICION ESPAÑOLA

DE LA OBRA PRINCIPAL DE ANTONIO LIVI

SOBRE LA NOCION FILOSOFICA DE  ”SENTIDO COMUN”

  

 

 

Antonio Livi

Crítica del sentido común
Lógica de la ciencia y posibilidad de la fe

Ediciones Rialp, Madrid.

pp. 250, € 18,33

ISBN : 84-321-3091-5

 

 

 

 

La cultura contemporánea, todavía no emancipada de la dialéctica racionalismo/fideismo introducida por Descartes, oscila constantemente entre un cientismo de sabor gnóstico (residuo del racionalismo iluminista y del positivismo) y un “pensamiento débil”, que es una nueva edición del escepticismo perenne. El pensamiento cristiano de hoy día, cuando se abandona acríticamente al “pensamiento débil” y rechaza la metafísica, vuelve a caer en el fideísmo del siglie XIX, que se ha revelado como auténtica enfermedad mortal del cristianismo.

Antonio Livi reconstruye en este libro la historia de la noción filosófica de “sentido común”, y demuestra analíticamente su valor epistémico para la fundamentación de una ciencia de la totalidad, cual es la metafísica, saber riguroso que las ciencias particulares no pueden ignorar ni, menos aún, suplantar. Al mismo tiempo, la crítica del sentido común evidencia los límites constitutivos de la metafísica y de las ciencias particulares, puesto que el saber científico es siempre un saber reflejo y presupone el saber directo e inmediato, que es precisamente el sentido común. Por últirno la crítica del sentido común precisa el espacio de racionalidad que corresponde a la fe, entendida como comprensión y aceptación de una revelación sobrenatural, verificada históricamente en el pueblo de lsrael y en la Iglesia. EI sentido común es reconocido, por tanto, como el presupuesto necesario de la ciencia y de la fe, y sus certezas excluyen tanto el racionalismo como el fideísmo. Crítica del sentido común ha sido traducida del italiano por Tomás Melendo Granados, catedrático de Metafísica de la Universidad de Málaga.

 

 

 

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Un filósofo inglés que trabaja en Madrid ha publicado un comentario sobre el pensamiento de Antonio Livi con ocasión de la publicación en 2004 de la edición francesa del ensayo del 1990 Filosofia del senso comune :

Livi, A.: Philosophie du sens commun. Logique aléthique de la science et de la foi, Lausanne-Paris (Ed. L’Age d’Homme) 2004, 234 pp.

 

Recensión de John J. OLDFIELD, publicada en la revista Augustinus, 91 (2005), pp. 242-243.

 

 

 El sentido común se define en el Diccionario de uso del español (Maria Moliner, 1967) como «capacidad de juzgar y obrar acertadamente» (p. 1138). Esta definición no està lejos de unas palabras que, unidas por la larga tradición grecolatina, siguen teniendo cabida en el lenguaje ordinario de los pueblos europeos. Devolver este concepto a su lugar debido en la filosofia contemporánea, después de un largo recorrido por los caminos de la historia de la filosofia, es un enorme y muy apreciado logro del espíritu filosófico. Regresar a las fuentes lejanas de ese concepto y acercarlas a los pensares contemporáneos es redescubrir lo que fundamenta la vocación de la verdadera filosofia, es decir, la búsqueda de la sabiduría que responde a los más profundos anhelos de espíritu humano.

Tarea gigantesca la asumida por el autor de este libro, ahora traducido del italiano al francés, el profesor Antonio Livi, decano de la facultad de Filosofia de la Universidad de Letrán (Roma). Livi ha dedicado muchos estudios a la investigación del sentido común, elaborando el argumento que trae a esta presentación maestra. Su bibliografia proporciona datos sobre su empeño filosófico, dirigido a la restauración de la «razón natural» que subyace en la posibilidad de un pensamiento filosófico «fuerte», frente al pensamiento «débil», tan de moda en el ambiente de escepticismo y relativismo de hoy.

            Fiel a la claridad de conceptos y palabras exigida por el diálogo filosófico, Livi dedica la primera parte de su obra, en dos capítulos, a buscar una definición rigurosa del tan usado sintagma, abarcando en su pesquisa una definición formal (cap. I) y otra material (cap. II). Muy importante en el caso del sentido común, expresión de uso milenario, es reducir o reconducir el mismo a su significado más cristalino, más proximo al uso aristotélico. Se trata de aclarar tanto lo que en este contexto representa el nombre “sentido”, como lo que le añade el adjetivo “común”. Purificada la terminología de las capas sedimentadas con tan largo uso, la noción de “sentido común” indica, según el autor, la percepción de algo real o, en palabras suyas: de «lo que todos saben y piensan espontáneamente, por relación a lo que todos tienen en común» (p. 29). Ahora bien, tal percepción universal y evidente por sí misma revela la presencia de contenidos de irrefutable certeza, que el autor identifica en diez tesis como principios gnoseológicos, pertenecientes, por razón de la experiencia originaria del ser innegable, al sentido común. Son los juicios necesarios a todo juicio, que tienen su incontestable origen en el primordial reconocimiento de que «las cosas son», y de que, por tanto, proporcionan las condiciones que posibilitan la demostración de las verdades siempre presupuestas en la tarea fdosófica. Livi reconoce con acierto que se enfrenta a las objeciones del racionalismo positivista y del fideísmo teológico; consiguientemente, frente a estas corrientes de pensamiento propone restaurar la filosofia perenne que esté en la base de la experiencia misma del ser y del Ser de los seres. Su apreciación de este universal sentido común demuestra que es posible hablar del yo, del mundo, de la libertad y de Dios.

La parte segunda quiere mostrar la existencia del sentido común. Lo hace demostrando el imprescindible papel de la lógica derivada de las verdades evidentes para la «razón natural», la cual posibilita no sólo la comunicación entre los seres humanos, aun a través de diferencias lingüísticas, sino también la formación de los «consensos» de la vida intelectual. (cap. III). También la organización y práctica de las ciencias encuentran su ori­gen en estas verdades, a las que igualmente se debe la posibilidad de analizar los seres de un mundo que, desde el principio, se percibe como totalidad, y que responde a la lógica propia de los medios empíricos (cap. IV). Asimismo rechaza el autor la posibilidad de la duda universal y apunta las contradicciones implícitas en el pensamiento de quienes nie­gan lo que se hace evidente en el mismo acto por el que, en la percepción antecedente a los raciocinios de una segunda refiexión, se entrega a sí mismo el ser (cap. V).

Lo demostrado acerca del sentido común sirve en la parte tercera para justificarla, –  posibilidad de la metafisica en cuanto ciencia filosófica. Es una llamada al reconocimien­to del hecho de que el conocimiento humano procede siempre de estas certezas implicita­mente presentes en la relación epistemológica entre el conocedor y lo conocido. No hay forma alguna de tabula rasa, y reducir la metafisica a la matemática tiene como resultado el empobrecimiento de los horizontes de la verdad abiertos al hombre (cap. VI). Después, con pasos seguros entra en el tema de los præambula fedei, definiendo la posibilidad de una religión natural derivada de la experiencia del sentido común. El hombre es radicalmente capax Dei, según ha mantenido siempre la tradición filosófica cristiana (cap. VII). A estos capítulos muy bien pensados y estructurados, añade Livi una síntesis de sus argumentos.

El autor muestra una envidiable formación filosófica. Tiene lazos conceptuales con Étienne Gilson, quien en el siglo pasado dio los primeros pasos intelectuales hacia una restauración del sentido común. Ahora bien, nuestro autor no está ligado a ningún pensador en parti­cular sino que, corno es evidente en el libro y en el muy amplio aparato crítico, dialoga den­tro de la tradición filosófica con los grandes pensadores de todos los tiempos. El argumento y el modo de llevarlo acabo es directo, inteligible y, en cuanto a este lector, refrescante, extrano a los discursos nihilistas de tantos pensadores contemporáneos. Este libro vale. Por eso, es obligado felicitar tanto al autor como a la editorial por habernos regalado tan esti­mulante aventura filosófica.

 

John J. OLDFIELD

LA RACIONALIDAD DE LA FE CRISTIANA

Posted by admin | Posted in Teologia de la fe | Posted on 03-07-2009

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El tema de la racionalidad de la fe en la revelacion constituye una de las mas importantes aplicaciones que se pueden derivar de la nocion filosofica de “sentido comun” por medio de la logica epistémica. Véase,a ese repecto, el ensayo de Antonio Livi, Razionalità della fede nella Rivelazone. Un’analisi filosofica alla luce della logica aletica (Casa editrice Leonardo da Vinci, Roma 2005). Véase también el articulo que el filosofo español José Escandell ha publicado en el diario de Madrid Ya el dia 1 de julio de 2009.

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De vez en cuando se vuelve a oír eso de que la fe es un sentimiento. Esta idea es recurrente y, como el Guadiana, aparece y desaparece según caprichos y gustos. Creo interesante pensar en ello en este tiempo en el que la conciencia religiosa está siendo perseguida, cuando no se la reconduce hacia las templadas aguas del misticismo newager o hacia fideísmos irracionales.

Por fe se quiere entender un sentimiento, y no una forma de conocimiento. En los tiempos modernos, quien más ha hecho por convencer argumentativamente de que esto es así ha sido un teólogo romántico, Schleiermacher. No obstante, hacía tiempo que las compuertas del amplio mundo de las «creencias» se habían roto, desde, al menos, que los empiristas divulgaron la idea de que, salvo las evidencias de inmediata experiencia, todo lo demás que circula por la mente de los hombres es mera «creencia». La racionalidad se limitaría, según eso, a un manejo coherente y serio de las experiencias inmediatas, de modo que quedarían ipso facto fuera de juego cualesquiera pretensiones de que existe algo que trasciende el mundo.

En nuestros días, el sentimentalismo religioso sirve para desactivar la fuerza de la religión y, en especial, de la religión católica. Para unos, la fe es tan superior a la razón, son tan elevados los misterios sagrados, que lo realmente positivo es quedarse arrobado en una capilla, en un encuentro internacional de jóvenes o en un poblado chabolista mientras se atiende a menesterosos. Es verdad que en tales casos la fe es impulso vital, pero es un impulso vital que se queda encerrado en sí mismo y que es inhumano. Por eso es posible salir de un éxtasis y abandonar la fe cuando viene la aridez. Como también sucede trabajar con niños abandonados y no tener el más mínimo interés en saber si Dios es Trino o Quino.

Mientras tanto, el enemigo trabaja y obtiene sus beneficios. Las mismas razones que encierran a unos en un oratorio les sirven a otros para encerrar a los demás en sus casas. El progresismo político de todo signo (de izquierdas o de derechas) ha decretado que la religión es asunto privado. En realidad le gustaría decir que la religión no vale nada, pero con encerrarla en la privacidad se dan por satisfechos de momento y evitan el enfrentamiento. El argumento es, una vez más, que la religión es cosa sentimental, mientras que los sesudos progresista se erigen en concesionarios de certificados de racionalidad.

El círculo está cerrado. Unos quieren a la religión lejos de la política y, en general, lejos de los asuntos humanos; otros quieren su fe fuera del mundo, en la trascendencia espiritual.

Por eso uno de los mayores enemigos de la modernidad es quien defiende que el mundo es de Dios y que la razón humana, por eso mismo, es la sede de la fe. Si la fe es un sentimiento, el mundo está perdido.

José Escandell

Universidad San Pablo, Madrid.

La fe cristiana y el pragmatismo actual

Posted by admin | Posted in Teologia de la fe | Posted on 28-06-2009

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LA INCULTURACION DE LA FE Y EL PRAGMATISMO CONTEMPORANEO

 

por Antonio Livi

 

Los que se dedican por vocación cristiana – simples seglares o ministros sagrados -  a la obra necesarísima de la evangelización (no hay obra más necesaria para los que creen en Jesucristo) tienen que conocer lo mejor posible las condiciones reales de las personas a las que se dirigen. Toda evangelización se dirige, en efecto, tanto a los que son ya cristianos como a los que todavía no lo son; en el primer caso se habla de “catequesis”, y en el segundo caso de “diálogo con los no creyentes,” pero siempre se trata de hablar a todos del Evangelio, o sea de la Revelación de Jesucristo, que perfecciona en modo definitivo y para siempre la revelación inicial de los Profetas de Israel. La respuesta de cada alma a la Revelación de Jesucristo se llama “fe”, y es la fe lo que nos obtiene la salvación y nos hace pertenecer a la Iglesia, en donde se encuentran el perdón de los pecados y los medios para llegar a la santidad.

 

Reedificar la fe sobre una base segura de racionalidad

Posted by admin | Posted in Teologia de la fe | Posted on 28-06-2009

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La doctrina del papa Benedicto sobre la racionaliad de la fe

Comentario teologico-pastoral por Antonio Livi

 

Para comprender las enseñanzas del Papa Benedicto XVI sobre la razón como apertura a la fe[1], tendemos a apelar a nuestra experiencia de fe. Descubrimos quizá que lo que el Papa dice a los cristianos se aplica perfectamente a cualquiera de nosotros; pero también podríamos darnos cuenta que nuestra vida de fe carece de bases sólidas, y nos impulsaría a reedificar nuestra fe; porque, sin estas base sólidas, la fe se derrumbe inevitablemente. El día de hoy, cualquiera de nosotros –sacerdotes, religiosos y laicos- podríamos preguntarnos: ¿Por qué nos decimos que somos cristianos y no budistas o musulmanes? ¿Y por qué profesamos una religión y nos llamamos “creyentes” en vez de rechazar la idea misma de religión y de llamarnos “laicos”, poco creyentes o ateos? No son preguntas que debemos eliminar pensando que nos hacen perder tiempo o nos harán caer en una crisis de fe. Éstas son preguntas muy útiles para confirmar nuestra fe y testimoniarla correctamente a los hombres de nuestro tiempo: a nuestros hermanos cristianos, a aquellos que tristemente han abandonado el cristianismo.

 

Un comentario de Antonio Livi sobre la idea de “filosofia implicita” de Juan Pablo II

Posted by admin | Posted in Senza categoria | Posted on 23-06-2009

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EL SENTIDO COMUN

EN  LA ENCICLICA  DE JUAN PABLO II SOBRE LA FILOSOFIA, “FIDES ET RATIO”

por Antonio Livi

 Si la Iglesia habla de un tema profano como es el de la filosofía, no lo hace por intrometerse en cuestiones que no le competen, sino por un motivo propiamente pastoral; lo cual no impide que sus enseñanzas resulten, en este concreto momento de la historia de la cultura occidental, una provechosa defensa del valor epistémico de la filosofía, sobre todo en ese núcleo fundamental suyo, que es la metafísica (1). En esta defensa, la Iglesia va contra corriente, en el sentido de que no se uniforma a las tendencias culturales que hoy son dominantes, es decir el pragmatismo y el vitalismo. Justamente por eso, por defender el valor de la racionalidad filosófica, la Iglesia está contribuyendo al bien común de la sociedad moderna, siendo la racionalidad filosófica una exigencia de la naturaleza humana que la gracia de Cristo no ha venido a destruir sino a perfeccionar; y la  Iglesia, al defender en este campo -como en todos los demas campos- las exigencias propias de la naturaleza humana, se demuestra una vez más “experta en humanidad”, como dijera Paulo VI. Por lo demás, la Iglesia, que ciertamente existe porque la quiso Cristo en orden a los valores sobrenaturales, no deja de  tener autoridad para apreciar y defender también los valores humanos, siendo estos valores intrínsecamente conexos  a los valores sobrenaturales como su base y presupuesto; y eso vale sobre todo por lo que se refiere a la racionalidad humana, que está estrechamente relacionada, desde el punto de vista epistemológico, con la revelación evangélica, que la Iglesia tiene el deber de custodiar y de interpretar; lo mismo se podría decir, por cierto, también a propòsito de la doctrina social de la Iglesia, es decir las enseñanzas ético – sociales que estan conexas con la dimensión moral del Evangelio (2). En resumen, la rehabilitación de la filosofia por parte del magisterio eclesiástico – cuya función es esencialmente religiosa – es un servicio que la Iglesia brinda a la humanidad en un terreno que de por sì no sería propriamente el que le corresponde a la Iglesia, y al mismo tiempo es también una necesaria defensa de la fe, que sí es el terreno en donde  a la Iglesia le corresponde trabajar: el motivo de eso es que el abandono de la filosofía, y concretamente de la metafísica, conlleva inevitablemente que el pensamiento cristiano caiga en el fideísmo, que es el riesgo mas grande que la fe cristiana corre en nuestro tiempo (3).